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El agua: vida del pueblo Añú.

lunes, 10 de enero del 2011 a las 19:32

El agua: vida de un pueblo.

            Constantemente en el relato de la creación encontramos cómo los Añú reconocen que han sido creados del agua. Ésta es una expresión ya plasmada en su inconsciente, que la han transmitido de generación en generación mediante los relatos míticos y sus ritos

            Nosotros nacimos del agua, como puede apreciarse, los Añú tienen su identidad en el nacer y renacer del agua. Su cuerpo, su alma, hasta las enfermedades, son relacionados con la fluidez del agua. Todo su quehacer está estrechamente relacionado a su entorno, al medio ambiente.

            Evidentemente, en este pueblo, se percibe al agua como fuente de vida, como inicio de la creación del universo. “El agua es germinativa, es fuente de vida en todos los planos de la existencia”. (Eliade. 1974: 224)

            Obviamente, el agua, como divinidad en la conciencia mítica del Añú, se aprehende en dos dimensiones: por un lado, el agua, como generadora de la vida, por contener todos los gérmenes para producir la existencia, al igual que mantiene el ciclo vital de la comunidad y con ello la armonía del grupo; por el otro, la lluvia, el agua que viene del cielo que trae consigo la muerte, desastres, desdicha, desgracias, enfermedades, desabastecimientos e inundaciones, etc.

            Esto ya lo había establecido Levy Strauss, (1982: 189)  “el pensamiento mítico sudamericano distingue dos tipos de agua: una agua creadora y una destructora”. Así, para los Añú el agua de abajo, proveniente de los ríos, del mar, es la dadora de la vida, la Madre; mientras que el agua de arriba o agua celeste, por su vinculación al rayo y al trueno es, peligrosa e incluso mortal. Su presencia restituye los tiempos del caos, del origen y la no-civilización.

            Aquí podemos destacar varios elementos importantes. En primer término, para los Añú el agua es reconocida como la generadora de la vida, de la cual han sido creados. Las aguas cumplen un papel fundamental en este pueblo, sellan el espacio mítico en el cual la comunidad está destinada a vivir.

            En segundo lugar, el agua desde la perspectiva cosmogónica, es reconocida como la Madre; para los Añú la Madre es el agua del mar, el agua celeste, en todo caso es saludable para la comunidad.

            Asimismo, los Añú, por ser un pueblo que vive en la Costa del Lago, no conocen la actividad productiva del cultivo de la tierra. Por lo tanto, su actividad socio-económico y productiva es la pesquería (por parte de los hombres) y la recolección de enea (por parte de las mujeres), las cuales desarrollan según sean el ciclo del agua (del mar o del  Lago) que es anunciada por la influencia o función de la luna. “En el mito Añú, la tierra es improductiva hasta que  no se produce la acción del agua, en tanto que está en la posición de inmensidad cósmica y divina, que otorga el bien de la naturaleza y con la cual el hombre construye, aliado a la naturaleza, la civilización y cultura”. (Weir. 1995: 13)

El agua: vida de la cultura Añú.

lunes, 13 de diciembre del 2010 a las 21:29

El agua: vida de un pueblo.

            Constantemente en el relato de la creación encontramos cómo los Añú reconocen que han sido creados del agua. Ésta es una expresión ya plasmada en su inconsciente, que la han transmitido de generación en generación mediante los relatos míticos y sus ritos

            Nosotros nacimos del agua, como puede apreciarse, los Añú tienen su identidad en el nacer y renacer del agua. Su cuerpo, su alma, hasta las enfermedades, son relacionados con la fluidez del agua. Todo su quehacer está estrechamente relacionado a su entorno, al medio ambiente.

            Evidentemente, en este pueblo, se percibe al agua como fuente de vida, como inicio de la creación del universo. “El agua es germinativa, es fuente de vida en todos los planos de la existencia”. (Eliade. 1974: 224)

            Obviamente, el agua, como divinidad en la conciencia mítica del Añú, se aprehende en dos dimensiones: por un lado, el agua, como generadora de la vida, por contener todos los gérmenes para producir la existencia, al igual que mantiene el ciclo vital de la comunidad y con ello la armonía del grupo; por el otro, la lluvia, el agua que viene del cielo que trae consigo la muerte, desastres, desdicha, desgracias, enfermedades, desabastecimientos e inundaciones, etc.

            Esto ya lo había establecido Levy Strauss, (1982: 189)  “el pensamiento mítico sudamericano distingue dos tipos de agua: una agua creadora y una destructora”. Así, para los Añú el agua de abajo, proveniente de los ríos, del mar, es la dadora de la vida, la Madre; mientras que el agua de arriba o agua celeste, por su vinculación al rayo y al trueno es, peligrosa e incluso mortal. Su presencia restituye los tiempos del caos, del origen y la no-civilización.

            Aquí podemos destacar varios elementos importantes. En primer término, para los Añú el agua es reconocida como la generadora de la vida, de la cual han sido creados. Las aguas cumplen un papel fundamental en este pueblo, sellan el espacio mítico en el cual la comunidad está destinada a vivir.

            En segundo lugar, el agua desde la perspectiva cosmogónica, es reconocida como la Madre; para los Añú la Madre es el agua del mar, el agua celeste, en todo caso es saludable para la comunidad.

            Asimismo, los Añú, por ser un pueblo que vive en la Costa del Lago, no conocen la actividad productiva del cultivo de la tierra. Por lo tanto, su actividad socio-económico y productiva es la pesquería (por parte de los hombres) y la recolección de enea (por parte de las mujeres), las cuales desarrollan según sean el ciclo del agua (del mar o del  Lago) que es anunciada por la influencia o función de la luna. “En el mito Añú, la tierra es improductiva hasta que  no se produce la acción del agua, en tanto que está en la posición de inmensidad cósmica y divina, que otorga el bien de la naturaleza y con la cual el hombre construye, aliado a la naturaleza, la civilización y cultura”. (Weir. 1995: 13)

El génesis de los Añú sobre la creación del ser humano: hombre y mujer.

jueves, 02 de diciembre del 2010 a las 20:34

La creación del ser humano: hombre y mujer.

La creación del hombre y de la mujer en la conciencia mítica es el misterio más exaltable, y en toda la conciencia del mismo ser, quien es portador de la vida.

ARIYUU, después de haber creado el cosmos y organizado la tierra, se dedica a crear al hombre y a la mujer, estos formándolos del agua, como principio de la vida, pero mezclado con la arena. Nosotros los Añú nacimos así. ARIYUU creó en nuestra tierra a los niños, por allá hay unos muchachitos y aparecían en pareja y crecieron en los montes y se fueron fomentando, pero esos Añú estaban antes en el mundo.

Tal como lo expresa la conciencia mítica de este pueblo, se percibe en ellos una creación por parejas, no se distingue la creación individualista, sino una creación unitaria. No se puede aprehender quien fue creado primero, sí el hombre o la mujer; pero en esto no nos vamos a detener, más se puede apreciar, desde la conciencia mítica filosófica, la unidad familiar.

“Los Añú efectivamente... se organizan a partir de casas. Es decir, las familias correspondientes a un mismo apellido, ocupan un mismo espacio, el cual se estructura a partir de la línea materna. Así, siendo matrilocales, los Añú parecen centralizar la casa de la madre, alrededor de la cual gravitarán las casas de las hijas casadas, formándose de esta manera, una especie de constelación, o más bien, un sistema armónico, que sin lugar a dudas, es expresión de la cosmogonía sustentada en el mito”. (Weir. 1995: 24)

Partiendo de las líneas expuestas, la cultura Añú, es uno de los pueblos amerindios cuyo linaje se da por la descendencia materna. La madre y el padre, son los portadores de la cultura; la mujer es la que transmite los valores éticos y morales, la que enseña a sus hijas el secreto del tejer la enea y las raíces de los mangles, secreto que identifica culturalmente a los Añú. Igual ocurre con el varón, que aprende su quehacer diario, es decir, la pesca, la caza, la construcción de los palafitos, de las canoas, y esto lo aprenden directamente del padre de la familia, o el mayor que representa a la misma.

Como se refleja en el mito, que aparecen en pareja, en esta medida se da la organización societaria. En la cultura Añú una vez que el hombre conforma la relación conyugal, ésta se da en una mutua y recíproca dependencia.

“Las familias (Añú) se organizan alrededor de la abuela o madre, formando pequeñas unidades donde la mujer es el centro, es ella quien mantiene y transmite a través de las actividades productivas y cotidianas, los valores culturales y ejerce el control y dirección del grupo, por depositaria y fuente de sabiduría, producto de la experiencia vivida y transmitida de generación en generación.”. (Fernández. 1999: 78)

La conciencia cosmogónica de este pueblo Añú, observada desde la óptica filosófica, nos revela la universalidad de la organización societaria, la unidad del mismo pueblo, la organización socio-económica y la relación íntegra con la naturaleza, con el cuerpo que le ha dado vida.

La visión de los Añú sobre Ariyuu-Dios

jueves, 02 de diciembre del 2010 a las 20:23

Trascendencia de un Dios que crea y no es creado: ARIYUU

Todas las culturas, pueblos, y las grandes religiones su principal fundamento de su origen están sustentando en su mito de la creación. Pues, en los mitos de creación se esconden los fundamentos metafísicos de todo pueblo o religión. Por tanto, en los Añú como lo afirma Sánchez Beatriz (2004:31) “El origen es un mito, entonces la verdad del origen queda atrapada en el mito en la medida que él es reservorio de esa verdad. Este se hace partícipe de una realidad que da cuenta subjetivamente del origen. Sin embargo, deja de ser subjetiva y pasa a ser objetiva al encerrarse allí una verdad irrevelable, figurada en la conciencia universal en esta dimensión”.

En consecuencia, entrando al tema a tratar, describiendo el pensamiento mítico-filosófico desde el lenguaje mitología Añú, desde la óptica del Pensamiento Filosófico Amerindia. En este sentido, analizaremos el mito de la creación siendo éste el principio de toda conciencia mítica. Buscamos aprehender el símbolo y signo de la génesis Añú. El mito “trasciende la razón para hacerse eco de un argumento que explica el fenómeno de la existencia y todo lo que representa la presencia de Dios en su relación con la vida, instancia sagrada, significado bajo un carácter simbólico, asidero de la gestación del pensar en otra dimensión de la razón”. (Sánchez. 2004: 151)

Los Añú se plantean la sacralidad de la cosmovisión en su relación con el medio ambiente. Y esta relación íntima con la naturaleza la armonizan mediante su mito de la creación. Toda manifestación de la conciencia mítica expresa siempre una reflexión sobre la creación y la existencia. “La dimensión filosófica alojada bajo el manto del mito es velada en el lenguaje poético y simbólico. Manifestación ésta que resguarda una reflexión sobre la creación y la existencia”. (Sánchez. 2004:151)

Asimismo, toda conciencia mítica tiene como centro Dios-mundo-hombre. Esta misma conciencia se manifiesta en la sacralidad del cosmos. Y esta manifestación cosmogónica ha de venir a la existencia del hombre. “El mundo se deja captar en tanto que mundo, en tanto que Cosmos, en la medida en que se revela como mundo sagrado... el hombre religioso no puede vivir sino en un mundo sagrado, porque solo un mundo así participa del ser, existente realmente”. (Eliade. 1967: 60)

Basándonos en la concepción de Mircea Eliade, según la cual, el hombre no puede vivir en un mundo profano, sino busca vivir un mundo sagrado. Para la comunidad Añú, la visión de concebir al mundo parte también de esa realidad sagrada de la relación divinidad-naturaleza –hombre, como parte de la metafísica de donde emergen estos fundamentos filosóficos.

Nos centraremos en ese primer paso de la creación y los elementos que ARIYUU utiliza para crear el mundo como centro de la vida de los Añú. ARIYUU creó a Warushar con creciente que traían y abonaban la tierra acompañada con vientos fuertes, mucha lluvia, tempestad y relámpagos. Todo eso era pa’ abonar la tierra y así se formó Warushar.

De esta realidad sagrada de un dios que crea del caos, es exteriorizada la concepción del pueblo Añú. La mitología Añú, parte de la idea del dios creador y ya existente, ARIYUU utiliza elementos de la misma naturaleza para formar el hábitat a poblar.

Cuando los Añú manifiestan la realidad sagrada del mito de la creación, lo realizan desde la perspectiva de que con ellos camina una divinidad superior en el convivir cotidiano. Por esto ARIYUU toma consigo estos elementos de la naturaleza, utilizados para crear la tierra en la que convivirán los Añú. Estos elementos guardan su significado trascendental, su simbología, su función dentro de la comunidad, su relación con el quehacer diario del Añú, la relación armónica con la naturaleza.

En el mito encontramos los cuatro componentes del cuerpo, a saber: agua, aire, fuego y tierra, simbolizado en el trabajo de ARIYUU al abonar la tierra acompañada con vientos fuertes, mucha lluvia, tempestad y relámpagos, ARIYUU tuvo que utilizar como elemento primordial el agua; con creciente... mucha lluvia... fuente principal de toda la vida humana, centro de toda creación. Una visión comparativa nos hace descubrir cierta analogía entre este pensamiento y el de los padres de la filosofía occidental. La concepción de estos elementos como principio de la vida la manifestaban los llamados filósofos de la naturaleza; entre ellos merece la pena destacar a Tales de Mileto, quien concibe el agua como el elemento material constitutivo de todas las cosas, inclusive, la vida humana. Consideremos el agua, no como elemento químico-líquido, sino como realidad total del universo. Es por eso que Aristóteles distingue a los primeros filósofos con el término physis que “los griegos entendían como ‘realidad’, la etimología de Physis indica que procede de un verbo que significa ‘brotar’, ‘crecer’, o sea, algo que se genera, que está en cambio, en movimiento”. (Prado. 1983: 32)

En el plano del pensamiento mítico-filosófico el agua simboliza la fecundidad, la que genera vida, la portadora de la vida, la que da nueva vida, la que rejuvenece, la que lleva a un nuevo nacimiento; en particular en los ritos religiosos. Para las religiones el agua es signo de la nueva vida, del nuevo nacimiento. “Podríamos decir en síntesis que las aguas simbolizan la totalidad de las virtualidades; son fons et origo, matriz de todas las posibilidades de la existencia”. (Eliade. 1974: 222)

Asimismo, las aguas forman el conjunto de la cosmogonía del pueblo Añú; la totalidad de las cosas creadas. Cuando ARIYUU crea, el primer elemento a utilizar es el signo del agua, de la cual parte con la fuerza de ella, a la existencia de un caos. En el pueblo Añú cuando hay una creciente, eso es un anuncio de cambio estructural, cambio de clima; anuncia la llegada de la lluvia torrencial, algunos tienen que abandonar su vivienda por las crecientes. Es signo de vida y de desastre. Es, por tanto, que el ser supremo lleva consigo la vida y la muerte. “En la cosmogonía, en el mito, en el ritual, en la iconografía, las aguas desempeñan siempre la misma función, cualquiera que sea la estructura de los conjuntos culturales de que formen parte: preceden a todas las formas y son soporte de todo lo creado”. (Eliade. 1974: 222)

Todo esto iba acompañado con vientos fuertes, en el mito también encontramos la simbolización del aire como fuente de la creación, como principio de vida. Así como lo descubrió Anaxímenes, filósofo de la escuela de Mileto. Para él el principio de la vida es el aire. “El principio de los seres es el aire; pues a partir de él como todo es engendrado, e inversamente, en él todo se disuelve; <>”. (Paul. 1980: 21)

De acuerdo con lo planteado, el aire es también signo y simbolización de la vida. Aun cuando en el mito se revelan dos importantes componentes del cuerpo de Warushar; el agua y el aire, o principios para que el ser pueda tener vida, ARIYUU toma otro elemento de la naturaleza, que lo simboliza con la tempestad y relámpago... se revela la procedencia del fuego: ARIYUU crea el fuego, simbolizado en el relámpago.

En el símbolo del relámpago, que representa el fuego, encontramos también analogía con el pensamiento griego: Heráclito de Éfeso ya había manifestado el devenir en la realidad existencial del fuego en el universo, mostrándonos el fuego como el elemento ya existente en medio del universo. El fuego como cosa cambiante, que trasforma, que destruye, etc. Lo es también en la cosmovisión Añú que ven el fuego como cambio, que hace pasar del caos al orden armónico de la naturaleza.

En este sentido, los Añú relacionan al relámpago con la estadía perenne en el más allá: “cuando ustedes ven un relámpago que no se quita, ahí viven los Añú muertos, el relámpago es el vestido de los muertos, son mantas de colores y están contentos, donde está el relámpago vive el Añú otra vez, nosotros no morimos”. (Fernández. 1999: 71)

Partiendo de lo expuesto podemos comprender los principios filosóficos plasmados en el mito bajo el lenguaje simbólico. Primero al filosofar sobre el principio de la vida, al reflexionar acerca del origen de los entes a su alrededor y darles repuesta, nos demuestra que sí existen elementos filosóficos contenidos en los mitos y reflejados en el quehacer diario de este pueblo amerindio.

Lo cosmogónico en el pueblo Añú siempre evoca a la creación, la cual comienza con la organización del universo, y la construcción del cosmos a partir del caos; explica cómo debería ser poblada la tierra, centro de su vivir. En el mito de la creación de este pueblo, se encuentra el secreto de la experiencia del Añú con su dios que lo ha creado y le ha organizado la tierra para su convivir, al igual, se refleja la figura de un ser superior a ellos. ARIYUU se presenta como un dios potencialmente creador del cosmos y del hombre-Añú como centro del mismo.

La Escatología desde la visión de Joseph Ratzinger (II)

martes, 19 de octubre del 2010 a las 20:09

Ángel Alfredo Luengo López

 (II)

A subitanea morte, libera nos, Domine

          

         En este apartado sobre la muerte e inmortalidad, Josepf Ratzinger, nos muestra una gama de visiones sobre la inmortalidad del alma, sus dimensiones y su transcendencia, pasando por Platón hasta los autores que anteriormente ha estado basándose para sustentar su postura sobre la escatología.

         Uno de los aspectos importante que se puede tratar como reflexión es la postura que el autor tiene sobre la inmortalidad del alma, manifestando que esta visión no es acorde a la fe cristiana. El cristianismo defiende la integridad de la persona, su totalidad. No se puede aceptar la visión del alma separada del cuerpo después de la muerte. Se tiene que ver al hombre desde su realidad metafísica y transcendental.

         En este sentido, no es aceptable ver la muerte desde el nihilismo, el materialismo y el existencialismo puro. Estas visiones no responden a la crisis existencial del hombre frente a la muerte, no se le puede eliminar de su memoria como han pretendido hacer en esta época.

          El autor denuncia que hoy se pretende borrar de la memoria del ser humano la realidad de la muerte, incluso llegando al extremo de convertirlo hacedor con su propia fuerza para decidir su destino, su muerte. Para esto el autor enfrenta a la ciencia denunciándola por medio de la técnica deshumanizadora que usa para cumplir su fin, eliminar de la memoria del hombre la muerte, pues su fin en la tierra.

         Se podría decir que Ratzinger apunta a tres posturas del modernismo: El fenómeno de que la muerte es tabú, “la postura elitista” que propagan el tabú de la muerte como algo ajeno al ser humano, otra es la postura de la exhibición de la muerte y, la última el materialismo de la muerte.

         La respuesta que el autor da a estas corrientes, una u otra forma deshumanizan al ser humano, es la síntesis que hace con las letanías que la Iglesia eleva a los santos, la cual explica su fe frente a la muerte “de la muerte súbita, líbranos, Señor”. El ser humano tiene que ser valorado en su totalidad cuerpo y espíritu incluso después de la muerte, en espera de su resurrección en Jesucristo.

La Escatología desde la visión de Joseph Ratzinger

jueves, 07 de octubre del 2010 a las 02:29

Ángel Alfredo Luengo López

(I) 

ÉL ES REINO DE DIOS

 

         Durante la exposición Ratzinger trata el problema escatológico, cuestión esencial. En esta reflexión sobre su escrito vamos a tratar el punto N° 2: Importancia del anuncio del Reino de Dios por parte de Jesús. Particularmente en el problema de la historia de la exégesis.

         Unos de los aspectos a considerar es que el autor encamina la idea principal del problema escatológico por la mentalidad primitiva del pueblo de Israel, su posición frente a los anuncios que los escritos señalaban y la tradición le dictaba.

         Otros de los puntos que se puede resaltar es la postura que realiza frente a los diferentes autores que han manejados y aportado al tema como: J. Jeremías, Schnackernbur, Hahn, J. Schmid, Orígenes, K. L. Schmidt, MuBner, entre otros. En este sentido, el autor analiza las posturas de cada uno enfrentándolos y apoyándose en otros para ir aclarando la idea de la mentalidad primitiva de los cristianos sobre el Reino de Dios.

         La idea principal que aporta Ratzinger es que la expresión de Reino de Dios se nos “muestra como la auténtica palabra clave de la predicación de Jesús según el Nuevo Testamento”. Es por consiguiente, que la expresión “Reino de Dios está remitiendo al dominio de Dios, al poder viviente de Dios sobre el mundo”.

         Este anuncio por parte de Jesús los relatan los evangelista sinópticos, centrándolo en la vida de los primeros cristianos, quizás no como anuncio, pero si como vida en ellos. Lo nuevo que trae Jesús es que éste anuncio           –Reino de Dios- que incluso, esperaba todo el pueblo de Israel, se cumple en Él, como el enviado del Padre. En palabras del autor se podría afirmar que “Jesús se encuentra en la línea de la esperanza  profética” en el cumplimiento de la Palabra de Dios en Él. “Jesús en persona es el misterio del reino de Dios dado por Dios a los discípulos”. El reino de Dios, es Él, Jesús. Como esperanza de la vida que se espera, “el futuro es hoy en Él”. Porque el “reino de Dios es acontecimiento, no espacio”.

 

Internet: un reto para la juventud

jueves, 30 de septiembre del 2010 a las 05:09
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Internet: un reto para la juventud

Deseo comenzar esta breve reflexión recogiendo una pregunta que a menudo escucho en boca de algunos jóvenes y adultos, ¿Es bueno o malo el Internet? Pregunta con la que comúnmente se cuestiona incluso a los jóvenes hoy en día. El internet es la herramienta que ha inaugurado una nueva época, de la que ha hecho del espacio la vía más rápida para las comunicaciones actuales.

El internet lo podemos ver como una la moneda de oro. Como la moneda de oro que había estado oculta por muchos siglos, pero un día un hombre la vio en la cueva en donde se encontraba y emocionado la llevó a la aldea para mostrársela a su parientes, luego a sus amigos y después a todos. Pero no se percató que la moneda estaba manchada de un lado y, cada vez que la mostraba solo exponía el lado brillante porque el otro lado estaba manchado y sucio por el tiempo que llevaba pegada a la roca. Pero en la aldea se encontraba una Joven Madre de muchos años que llevaba en sus manos unas hojas para limpiarla pero para que pueda brillar bien esto ha llevado mucho tiempo.  

            Con esta pequeña metáfora podemos ver el internet desde su primer ángulo, lo podemos conocer como una herramienta feroz (la parte oscura de la moneda), de la que ha hecho de muchos un comercio inhumano, la vía por donde las mafias organizadas hacen sus negocios; secuestros, drogas, ventas y compras de niños, niñas y jóvenes para la prostitución infantil. Por donde se trafica con la pornografía de todo género y edades. Un espacio por donde los terroristas amenazan a sus enemigos y, por otro lado donde no se censuran imágenes inhumanas.

            Desde el otro lado, podemos ver lo brillante (de la moneda) que ha sido el internet para esta época, cuando se dio el boom del ciberespacio (el 21 de noviembre de 1969) todos buscaron estar al día ingresando a la nueva tecnología. Un espacio que ha hecho de los valores el plato favorito para muchos, la educación virtual ha tenido un avance importante, las investigaciones científicas en segundo se dan a conocer a millones de personas dando un clic. Las comunicaciones: T.V, Radio, impreso y la publicidad han estado al día informando en segundo. Las páginas sociales han tenido a los jóvenes y adultos en comunicaciones constantes. Asimismo, es una fuerte herramienta de la educación, y de las bibliotecas virtuales una ganancia.

            Bajo esta dos perspectiva podemos responder a la pregunta planteada si el internet es malo o bueno. En este sentido, para los jóvenes es un reto estar frente a un espacio que no le brinda las suficientes instrucciones sobre su manejo. Ha sido un desafío para los educadores e incluso para la Iglesia (la Joven Madre) educar a los jóvenes en el buen uso del ciberespacio. Hoy necesitamos que los jóvenes se formen con valores claros, sin ningún relativismo en el uso del Internet.

            Nos encontramos con un arma que puede ser constructivo o autodestructivo para muchos jóvenes según el uso. E incluso para los cristianos es un instrumento que no debemos dejar a un lado, sino aprovecharlo para la Nueva Evangelización e inculturización del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo en  los jóvenes. Tenemos un reto que es educarnos para el buen uso del internet, siempre he pensado que los abusos que cometemos es por la ignorancia que tenemos frente a lo nuevo que se nos presenta.

            En este sentido, el internet es una utilidad importante para el hombre y la mujer hoy, es feroz cuando no tenemos la educación apropiada para su uso. Pero es sumamente bueno cuando aprendemos aprovechar esta herramienta para nuestro bien, para nuestro crecimiento académico, para nuestras relaciones sociales y nuestro crecimiento integral y espiritual.

Patna´a como dignidad de la mujer Wayuu

miércoles, 22 de septiembre del 2010 a las 20:40

Resumen

         El objetivo principal de la investigación es analizar e interpretar la realidad simbólica en el Patna’a (la dote) como pacto enmarcada en un sentido comunitario. Preservando su significado desde el lenguaje mítico-filosófico-amerindio del pueblo nativo Wayuu, del Estado Zulia de la Guajira Venezolana. De igual forma, buscamos resaltar el valor transcendental que tiene la mujer en dicho pueblo, su liderazgo y su dignidad como mujer procreadora de la cultura Wayuu, como ser dotada de fecundidad. Todo esto enfocado bajo la perspectiva del mito: la leyenda de Kulami’a. Este trabajo tiene como propósito conocer por medios de los mitos una parte importante del pueblo Wayuu. Asimismo, buscamos valorar sus mitos los cuales están cargados de todo un pensamiento filosófico. Expresados estos bajo el leguaje simbólico de donde podemos profundizar su estructura social, cultura y organizacional. Particularmente el tema que nos compete que es la dote como medio de la alianza de dos castas o familias que pactan por medio de la unión sentimental de sus hijos. Los mitos nos transmiten toda una gama de posibilidades para reflexionar los propios principios de los pueblos nativos.  En este caso particular analizaremos algunos principios esenciales del pueblo Wayuu desde el lenguaje simbólico de los mitos, el pacto que realizan los Wayuu al concebir la unión de sus hijos e hijas por medio de sus leyes sagradas.

         Palabras claves: Patna’a, Mito, Tradición, Majayüla’a, Kulami’a

 

 

 

 

 

 

 

Introducción

      “... solamente ajustando cuentas

 con el pensamiento mítico

 consigue la filosofía precisar

su propio concepto y adquirir

conciencia de su propia misión”

(Ernest Cassirer)

 

         La línea vertical de la investigación filosófica es buscar entender el verdadero significado y valor del Patna’a[1] en el pueblo Wayuu dentro de los parámetros del Pensamiento Filosófico Amerindio. Se busca indagar en su desarrollo, su importancia y el compromiso que esta alianza trae en sí a la vida de esta comunidad.

 

         Para esto nos proponemos profundizar la alianza que realizan los Wayuu mediante un ente determinado: El ganado, las joyas, la palabra y la misma persona; en la mujer y el hombre en este caso. Asimismo, nos adentraremos  a su sentido común y vivencia que ella en sí misma trae.     

 

El Patna’a en el pueblo Wayuu va mas allá de lo que a simple vista nos quiere trasmitir, el cual es explicado desde el lenguaje simbólico. Para ello, se preservará su significado desde su mitología, tomando como punto de partida el mito; la leyenda de Kulami’a[2]. Pero hay que destacar que el mito no será analizado en su totalidad, sino en la medida que nos indiquen la procedencia del Patna’a como alianza interna de un pueblo.

 

Un elemento central en esta investigación es reconocer el mito como historia verdadera, como realidad sagrada de los pueblos nativos. “El mito se considera como una realidad sagrada y, por tanto, una <<historia verdadera>>,  puesto que se refiere siempre a realidades”. (Eliade, 1983: 13)

 

La coexistencia de los entes en sí viene a la existencia por medio del pensamiento mítico y la misma realidad nos muestra la manera como existen en la vida cotidiana, es decir, el ser, un comportamiento, una costumbre y hasta un objeto son realidades que reflejan las leyendas sagradas. “El mito cuenta cómo, gracias a las hazañas de los Seres Sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea esta la realidad total”. (Eliade, 1983: 12)

 

Al interpretar y analizar el mito buscamos indicar la existencia y procedencia del Patna’a como tradición en la vida comunitaria de los Wayuu. Más aún para el Wayuu o para cualquier otro pueblo la tradición es algo sagrada, es una ley. Se  podría  decir que es parte esencial de un pueblo; pues, una ley natural. Para el Wayuu la tradición es razonar sobre el pasado, para ubicarse en el vivir.

 

“NÜCHÚKUA WAYUU NÜMAIWA. Dice: WACHÜKÜA MÜSÜKA SAÍN WANÉE A’LAÜLÁA JOYÓTÜSÜ SPÜNALU’U KA’I KATSPÜLA SKÚJAINJATÜIN SUKUWA’IPA SUMÜIN WACHÓNYÚU ÉE ÁNTÜIN SKÁLU’U KA’IKAT. El cual, traduce: La tradición, es como una vieja que sentada en el camino de los días cuanta a las generaciones venideras las andanzas que ha vivido”. (Paz, 1976: 24)

 

  1. Expresiones del lenguaje simbólico del mito:

Hay Un aspecto importante que es necesario analizar en los mitos, el profundo contenido simbólico de que están cargados. Desde esta visión se analizarán los fragmentos que extraemos del mito que hemos mencionado anteriormente. Sabemos que el símbolo es la representación de un ente determinado; pero aquí no se trata de hacer un estudio sobre simbología del mito, sino tomar el símbolo como imagen de lo que nos quiere transmitir el mito. Es aprehender el símbolo del mito para descifrarlo en la realidad.

 

“La palabra simbólica se hace presente en el mito, pues se trata de un razonamiento, donde los dioses dan cuenta de la generación de la vida y de la existencia. Ello nos remite a extralimitar la reflexión para extraer de allí un conjunto de interpretación que sólo pueden ser manifestado en el símbolo” (Sánchez, 2008:29)

 

         De igual manera, el signo es lo que evoca en el entendimiento una idea de otra o alguno de los sentimientos. Dicho de otro modo: es el efecto de una causa. Signo-símbolo, van muy unidos y no se puede separar.

 

         Siguiendo la idea central, el Patna’a se traduce en el idioma Wayuu como la dote. Es éste sentido, el Patna’a “es lo que se da o se paga por la mujer al tomarla por esposa o mujer”. (Jusayú, 1977: 539)

 

         Esto se da en el caso de la mujer, cuando la MAJAYÜLA’A[3] se encuentra  en el periodo de la pubertad. Uno de los patrones de la cultura Wayuu es el intercambios de bienes al momento de llevarse a cabo el rito del Patna’a. Tienen un sistema importante para poder desarrollar en medio de sus comunidades este rito.

 

El mismo comienza recordando los mitos que los evocan al origen, por medio de las danzas y los cantos. Se dan también el intercambio de Palabreros (Pútchi)[4] quienes harán de mediadores entre las familias; éstos buscarán arreglar lo estipulado en el Patna’a.

 

         Uno de los mitos que le recuerda al Wayuu tal ritual es el relato de Kulami’a, cómo en los tiempos más lejanos de la historia sagrada de los Wayuu, una joven (Kulami’a) es destinada al encierro total de su vida. Este prototipo de mujeres vírgenes que nacen para este modo de vida en esta cultura, se consagran a permanecer vírgenes en honor a un sueño o a una promesa espiritual. Al llegar a la vejez este prototipo de mujeres son consideradas grandiosas y sagradas por sus destrezas y sabiduría.

 

“En remotos tiempos, existió en la ALTA GUAJIRA una Majayüla´a de gran belleza llamada Kulami’a. Se llamó así porque nunca salió de la misma habitación donde nació. Estaba predestinada a pasar su vida y su tiempo sin ver sol, ni tocar el viento y sin ver las cosas del mundo circundante; nada más que el recinto de su propia habitación, sin conocer más gente que a sus padres y a una criada…” Relato de Kulami’a (Paz, 1976: 161)

 

Aquí hay que apartar todo tipo de influencia religiosa externa, porque su vida es entregada voluntariamente por ellas sin conocer ningún pensamiento religioso ajeno a su cultura, pero si se podría observar desde la propia perspectiva religiosa del pueblo. Permanecen vírgenes hasta el día de su muerte. Incluso no son vistas por nadie de la sociedad, solamente su madre o una de sus parientes destinada para tal función. Según los Wayuu ya ellas son destinadas por Maleiwa[5] para vivir en su habitación.

 

“Nadie la presiona uno sabe cuando ellas nacen para esto, la abuela sabe, sólo cumplimos con el encierro, ella misma decide y hablan con el tío y  demás familiares, después pasa toda su vida ahí (en la habitación), no conocen a ningún varón. Nadie la puede ver”. (Báez, 02/09/2002)

 

En el relato se destaca la importancia del sueño. Vemos  en el mito, cómo el joven rico, mediante el sueño le fue notificado sobre  esta Majayüla´a.

 

 “Cuando Kulami’a, llegó a ser señorita se le presentó a un enamorado, joven rico y bien apuesto que tuvo noticia de ella mediante un sueño, en los tiempos del KAARASHIN o del alboroto de los alcaravanes.” Relato de Kulami’a (Paz, 1976: 161)

 

El Wayuu al serle notificado el mensaje mediante el sueño, tiene primero que descifrarlo consultándolo con la abuela o un familiar anciano conocedor de los relatos míticos y las leyendas sagradas.  Luego que el anciano o la anciana descifran el sueño se prosigue a cumplirlo. Para esto, el joven sigue los pasos que le fueron indicados por la abuela o el anciano.

 

Cuando a la Majayüla´a le presentan a un joven que ha manifestado estar enamorado de ella, tiene que tener el consentimiento de su tío materno. En este sentido el joven Wayuu sólo lo puede hacer en el transcurso del encierro o blanqueo de la joven. Este tiene que comunicarle a sus parientes en especial a su tío materno que le atrae la Majayüla´a, manifestándole el amor y los afectos que tiene con la joven; ya que es éste (el tío materno)  el encargado de solucionar los problemas de la familia materna. “Para el Wayuu es evidente el papel del tío materno representante familiar ante cualquier problema (…) Por consiguiente, quienes resuelven los problemas de la familia son los tíos maternos.” (González, 2003: 66)

 

Otros de los aspectos importante al momento de la dote, es que las dos familias maternas tanto del joven como la de la Majayüla´a se reúnen para comenzar un diálogo. En este sentido, se podría afirmar que el Patna’a, es el proceso de la alianza de dos familias Wayuu para solucionar los problemas de sus hijos e hijas cuando estos manifiestan estar dispuestos a formar una familia. Interpretamos en los relatos sagrados de los Wayuu  que esta enseñanza les fue dada por la Tierra Madre; por Mmá-tierra.

 

“Es muy difícil –replicó la tierra- (a EPIYÜI[6]) Tomad sus apariencias y vístete como Él (JORCHANTÉ[7]). Imitadlo en todo: en su andar, en sus gustos, en su expresión, en sus modales… Buscad primero una mula negra que tenga los pasos tan veloces como el viento, ensilladla de arrogantes atavíos: su bozal, su freno, su silla de montar, sus refajos y demás atuendos. Le imitaréis en su silueta, su estampa; un sombrero de alas anchas de fino paño cubrirá vuestra cara. Un cinturón entretejido con flecos multicolores ceñirá vuestro cuerpo. Después, un lienzo vistoso, lo más ancho posible que ajuste a vuestro cuerpo, a manera de mástil. Os pondréis unas sandalias de buen cuero”.  Relato de Kulami’a (Paz, 1976: 163)

 

         Podemos observar en el mito cómo la tierra-Mmá le enseña todos los secretos a Epeyüi para conquistar a una mujer. En la comunidad Wayuu se destaca la importancia y la valorización sagrada de la tierra como ser divino y fecundo. Es la generadora de su vida y de todo lo que en de ella se sustenta. “La Tierra, en la mitología aparece como la personificadora de LA GRAN MADRE NUESTRA, es decir, la generadora de todas las cosas que sobre ella existe”. (Paz, 1976: 293)

 

         Cuando es transmitida una hazaña de un ser sobrenatural y sagrado, ésta marca al inconsciente de la comunidad. Se actúa y se vive imitándolo de generación en generación. Es aquí de donde se puede partir para señalar su pensamiento filosófico, no desde el pensamiento filosófico occidental, sino desde su propio pensamiento filosófico. Por tanto, los pueblos nativos forman un pensamiento filosófico amerindio, reflejada en su vivir diario.  “El mito tiene su argumento en la concepción interpretativa del Gran Misterio, que se diluye en un intento de hacer visible todo lo que es invisible bajo el velo divino de todo lo que representa” (Sánchez, 2008: 24)

 

Debemos partir del hecho de los primeros nativos ancestrales, que al preguntarse sobre el principio de lo que veían a su alrededor, elaboraron preguntas que todo filósofo se puede plantea bajo la admiración del cosmos. Buscando respuestas al origen de todo ente que contemplaban, elaborando sus respuestas enmarcadas en su inconsciente, y éstas las transmitían de una generación a otra, quedando así recopiladas en sus mitos. De esta manera, entendemos su pensamiento filosófico plasmado en sus orígenes. Para Luís Cencillo:

 

 “Los mitos son formaciones cognitivo-expresivas de lo que un grupo (o la especie entera) supone actuar en el trasfondo de las manifestaciones paradójicas de su entorno natural o social, en calidad de causas, condiciones o determinantes, como poderes metahumanos de naturaleza psíquica”. (1998:11)

 

En esta misma línea, el Pensamiento Filosófico Amerindio que han desarrolladolos pueblos nativos, se encuentra expresada no tanto en su lenguaje como tal, sino en el quehacer diario, en su vivencia cotidiana. Asimismo, podemos hablar de un filosofar comunitario y vivencial. En tanto que los mitos de un pueblo no son trasmitidos y elaborado por un individuo, sino que es el conjunto que se la transmite a quienes conforman la comunidad, quedando así el individuo impregnado del mismo.

 

         Los relatos míticos de la comunidad Wayuu manifiestan una relación cognoscitiva-cosmogónica. En este sentido encontramos que la expresión del Patna´a en la cultura Wayuu, está impregnada en el inconsciente del individuo. Es por consiguiente, que cuando el Wayuu actúa por medio de ésta ley, que es la dote, lo hace convencido de sus principios transcendentales, entendibles y justificables desde su cultura, desde sus leyes que ha aprendido de la naturaleza y de su relación con ella.

 

Desde las ideas que hemos expuestos debemos comprender que esta ley ha sido distorsionada y que ha cambio parte de su sentido sagrado y originario a causa de la mezcla con otras culturas, políticas, y realidades ajenas a ellos e incluso por quienes la viven.

 

Por consiguiente, en este análisis no buscamos resaltar el hecho material en la dote (el ganado, el dinero, las joyas, etc.) que da una familia en el momento del arreglo, sino tenemos que ver el sentido de fondo en el momento del rito, debemos ir más allá del materialismo; lo moral, psicológico, sociológico, y hasta la importancia de la libertad y dignidad del ser.

        

  1. El Patna’a como dignidad de una comunidad:

 

         En la cultura Wayuu cuando se lleva a cabo el Patna´a (la dote), la familia del joven tiene que buscar la cantidad estipulada por la familia de la Majayüla´a. Sea que ésta le pida por la dote, dinero (que es lo común) o ganado, terreno, entre otras cosas valiosas para el Wayuu. Ya esta referencia de buscar lo acordado lo encontramos plasmado en el mito:

 

“Y además (dijo Mmá), le llevaréis a sus padres como presente una mochila repleta de finas coralinas, brazaletes de coral, collares de oro, sortijas, prendedores y demás alhajas; como señal de garantía  para que te entregue a Kulami’a” Relato de Kulami’a (Paz, 1976: 163)

 

         Se comprende en el relato que el Patna’a es una enseñanza transmitida por la divinidad (Tierra-Mmá). Esto lo hace para el Wayuu respetable y de gran envergadura dentro de los parámetros de su cultura y su legislación. Es una enseñanza que le ha dejado una divinidad.

 

Por eso, que al momento de llevarse a cabo la dote la familia de la Majayüla’a sólo aceptará que la joven pueda convivir con el varón cuando éste cumpla con la garantía ofrecida en el momento del arreglo, o en algunos casos es pagado por parte.

 

         El mito resalta que los bienes son entregados “como señal de garantía”. ¿Qué es la garantía? ¿Qué tienden los Wayuu por garantía? literalmente garantía es la acción y efecto de afirmar lo estipulado, cosa que asegura y protege contra algún riesgo o necesidad. Algo que protege, ¿qué intentan proteger los Wayuu al realizar esta alianza garante en una Majayüla´a? Aquí hay que detenernos en su linaje, ésta comunidad es unos de los pueblos nativos que su genealogía se constituye por la descendencia de la mujer que a ejemplo de  Mma[8]-tierra, ellas son portadoras de la vida.

 

              “Evidentemente en esta dimensión podemos notar en el plano cosmogónico que la sustancia del origen proviene de la tierra es decir, de Ma, divinidad que simboliza a la mujer Wayuu, así mismo los seres humanos nacen de su vientre, tal como es la realidad existente de la humanidad”. (Sánchez, 2008:68)

 

         La mujer aquí juega un papel substancial ya que es ella la portadora de la herencia de la familia, entiéndase, tanto material como cultura y espiritual. Es la mujer la que transmite toda la riqueza cultural de la familia, la que le enseña a sus hijas las destrezas artesanales y el arte del tejido, la que relata los mitos y leyendas a sus hijos e hijas, es a ella a quien el tío materno tiene que consultarle para tomar una decisión determinante en la solución de un problema familiar. Para el pueblo Wayuu los asuntos se solucionan por la descendencia de la madre. Es la mujer que les enseña a sus hijos e hijas los valores morales y éticos de su cultura, lo adentra al mundo de lo sagrado, a lo espiritual. “En cuanto a la descendencia, las hembras tendrán primacía sobre los machos, porque la sangre de los vástagos es esencialmente materna. Es sangre de mujer, retoño de su vida, y fruto de su dolor”. (Paz, 1976: 197)

 

         Entre los Wayuu la mujer juega un papel trascendental, no es vista como un ser inferir,  al contrario es valorada y respetada porque la personifican con Mmá. Para el Wayuu proteger su descendencia es primordial en la mentalidad cultural que ellos han desarrollado. La casta es la identidad del ser Wayuu, y esta se la da la madre.

 

         A pesar que se puede ver a los Wayuu como un pueblo materialista por los intereses que ponen en el ganado, en el dinero, en el comercio, etc. No obstante, lo clasificaremos en esta corriente si lo observamos desde los ojos de los occidentales y, obviamente, seguiremos teniendo una visión peyorativa de esta comunidad. Es necesario buscar la forma de penetrar y acceder a su pensamiento filosófico sin violentar su cultura. Evidentemente, los Wayuu buscan proteger su cultura, tradiciones, los valores morales y éticos que existe en su hábitat y de la cual viven. Autoproteger la descendencia de su casta, es la realidad del intercambio y la alianza de la dote. 

 

          Con esto concluimos diciendo que en la cultura Wayuu no existe una venta, ni mucho menos una compra, como cualquier objeto de las mujeres Wayuu. Por las razones que hemos desarrollado, lo que la dote pretende con la mujer Wayuu es destacar su dignidad, su valor como persona, como mujer, al igual que al varón. Buscamos esclarecer  toda sombra que sobre ella se ha ceñido y que ha intentado de opacar la verdadera realidad, confundiendo incluso a los hijos e hijas de Mmá.

 

Cuando se mira a la cultura Wayuu desde afuera, es lógico que se le ponga todo tipo de clichés y, por tanto, se corre el riesgo de la ignorancia de clasificarlos dentro de cualquier ideología y corriente de los pensamientos filosóficos occidentales y ajenos a ellos, sin percatarnos que existe un verdadero pensamiento filosófico en las comunidades nativas, que desde siglos se le ha negado reconocer su desarrollo cultural e intelectual, a causa de la “dictadura intelectuales ” y, desde donde hemos caídos en juicios peyorativos al respecto.

 

         Para todo aquel que busca conocerlos e interpretar sus actitudes y aptitudes se les recomienda ir a sus fuentes y éstas son más que sus propios mitos y leyendas. Porque es en ellos donde se refleja su sabiduría, su costumbre y la tradición de éste pueblo que ha vivido en estas tierras por siglos.

 

Bibliografía

 

          CASSIRER, Ernesto, Filosofía de las formas simbólicas. Fondo de Cultura Económica, México.

         CENCILLO, Luís. (1998). Los mitos sus mundos y su verdad.  Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid.

         ELIADE, Marcea. (1967). Lo sagrado y lo profano. Editorial Labor, S.A. Barcelona.

         GONZÁLEZ y otros. (2003). Agua y liderazgo emergentes en el pueblo Wayuu.  UNICA. Revista de artes y humanidades de la Universidad Católica Cecilio Acosta. Nº 7, Enero-Junio.

         JUSAYÚ, Miguel Ángel. (1977). Diccionario de la lengua guajira. Guajiro -Castellano. Universidad Católica Andrés Bello. Centro de Lenguas Indígenas Caracas.

         PAZ IGUANA, Ramón. (1976). Mitos  Leyendas y Cuentos Guajiro. IAN, Caracas,

         SÁNCHEZ, Beatriz. (2008). El Pensamiento Filosófico Wayuu. Ediciones del Vice Rectorado Académico LUZ. Venezuela.

 

 


[1] Patna’a: En lengua nativa significa pacto o alianza que realizan los Wayuu por medio de ritos,  para la unión de la mujer y el hombre. (matrimonio)

[2] Kulami’a: Mujer virgen

[3] Majayüla’a: Señorita. Mujer púber. Núbil. Mujer virgen. Muchacha que aún no ha conocido varón. Doncella, Mujer graciosa y simpática. Joven atractiva.

[4] Pútchi: Palabrero (Mediador)

[5] Maleiwa: Divinidad Superior. Dios.

[6] Epiyüi: “Especie de monstruo fantástico con aspecto de puma, jaguar o persona que devora todo cuanto existe. Gusta de las mujeres y los niños. Es célebre por su astucia  y  ferocidad”.

[7] Jorchanté: Jorge Chante. Joven Famoso con virtudes en la Mitología Wayuu.

[8] Mmá: Madre

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